REDES SOCIALES Y LA
JUVENTUD
YINA MARCELA BERNAL
REYES
INSTITUCION EDUCATIVA
DEPARTAMENTAL BETULIA
GRADO: 1002
LA GRAN VIA-TENA
2018
Desde
su inocencia e ignorancia los jóvenes de hoy en dia registran sus datos
personales, y hacen uso de las redes sociales sin a que y a quien están
exponiendo su intimidad.
A
mediados de los siglos XlX las redes sociales han incrementado su popularidad
en especial, Facebook, Twtter, YouTube, entre otras redes; es por ello, que
ahora la juventud se ha interesado tanto en querer hacer parte de las
mismas. Por ello hay que enseñar a los jóvenes a usarlo
con prudencia y dejar que se registren con una edad
adecuada. Dos expertos opinan a favor y en contra de la utilización por parte
de los adolescentes de estas herramientas.
En contra:
Álvaro Bilbao,
neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, se
muestra contrario a la utilización de las redes sociales en exceso, entre otras
cosas, porque crean adicción y alejan de la vida real. Hacen que los niños no
perciban la realidad tal y como es, sino como la creen en su mundo virtual.
-Ciertamente parece imposible frenar la necesidad
del niño preadolescente de estar conectado a sus amigos a
través de las Redes Sociales. En la pre adolescencia (entre los 10 y los 13
años de edad) el cerebro del niño comienza a experimentar una serie de
transformaciones que, en parte tienen que ver con los cambios hormonales que
despiertan en su cuerpo.
-No en todos los casos, pero sí en casi
todos, y con mayor
precocidad en las chicas el deseo de formar parte de un grupo comienza
a ser una necesidad biológica, tanto como comer y a veces más incluso que
dormir. La preocupación por su aspecto, por gustar al otro sexo, comienza a
brotar con fuerza y se convierte en una necesidad y una parte fundamental de su
identidad personal y social, que el niño o niña quiere que esté presente en el
mundo digital.
-A
pesar de todo ello, los padres debemos poner el punto de equilibrio, de
sensatez y de responsabilidad en el uso que sus hijos hacen de estas
herramientas. Doy muchas charlas en institutos y el grado de adicción por
internet y las redes sociales es alto. A simple vista no se nota, porque es
difícil diferenciar al niño de 12 años que no se separa de su móvil de su padre
o madre que está conectado al whatsapp 16 horas al día; pero las consecuencias
están ahí.
A favor
Por su parte Fernando García Fernández,
profesor del colegio Irabia-Izaga de Pamplona y autor del libro Una familia en
el ciberespacio, se muestra más cauto a la hora de defender o defenestrar las
redes sociales y aunque asume la invasión a la que estamos sometidos, propone
que en las familias se llegue a un
pacto entre padres e hijos para su buena utilización.
-Es difícil discutir la afirmación de que
Internet y sus servicios -especialmente las Redes Sociales- nos están
cambiando. Parafraseando al Dr. Gary Small, autor de El cerebro digital, «la
actual eclosión de la tecnología digital no solo está cambiando nuestra forma
de vivir y comunicarnos, sino que está alterando, rápida y profundamente
nuestro cerebro«; y continua afirmando que «además de influir en cómo
pensamos, nos
está cambiando la forma de sentir y comportarnos».
-Es cierto que algunos de estos cambios son
positivos y ofrecen nuevas
oportunidades que no deberíamos desaprovechar en el ámbito
de la información, la comunicación, las relaciones humanas, la economía, la
educación, etc. Seguro que podríamos poner múltiples ejemplos extraídos de
nuestra experiencia diaria.
-Sin embargo, no podemos obviar que su mala
utilización puede producir el deterioro de ciertos valores humanos como, por
ejemplo, la intimidad, la empatía o la veracidad. También el uso desmedido se
relaciona con problemas de rendimiento académico o falta de sueño; y el
supuesto anonimato ha permitido que repunte el acoso entre iguales, el
llamado ciberbullying.
-Podríamos preguntarnos por qué tienen tanto
atractivo para el público adolescente y la respuesta podría ser que, por su
naturaleza, las redes sociales en Internet ofrecen espacios interactivos, de socialización,
en los que pueden aislarse de los adultos, en los que pueden sentirse
diferentes o, incluso, construirse una personalidad a su gusto, mostrándose no
como son sino como les gustaría ser.
-Por ello, la única manera de minimizar los
riesgos y maximizar las oportunidades es el establecimiento de una serie de normas o pautas de uso. Siempre
que en la historia de la humanidad ha aparecido una nueva tecnología se ha
producido una feroz discusión entre partidarios y detractores. Por ejemplo, los
primeros automóviles fueron recibidos con vítores, sin embargo, a medida que
fue popularizándose su uso y empezaron a aparecer los problemas, aumentaron las
voces en su contra. El progreso tecnológico había traído aparejados otros
problemas relacionados con la seguridad vial o la contaminación acústica y del
aire, que intentamos minimizar cumpliendo una normativa de uso o pagando la
correspondiente sanción si nos la saltamos.
-Quizá haya que pensar en una especie de
código de circulación en Internet. En el caso de los adolescentes, menores de
edad, ese código deberían
consensuarlo los padres en el hogar y las autoridades educativas en los
colegios y, a mi juicio, debería contener reglas
referentes al cuándo, cuánto, cómo y para qué usan esta tecnología.
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