Nombre: Cárdenas Prieto Jenni
Curso:1001
Fecha:18/05/2018
TRES HISTORIAS
DE MAYO
En la memoria,
1968 fue un año glorioso. Pero en verdad estuvo sembrado de malos presagios y
desdichas. Recuerdo muy bien los últimos días de mayo. Yo acababa de llegar a
París, donde me fui a vivir al hotel de siempre, en la Rue du Seine.
La efervescencia
de los disturbios estudiantiles y de las huelgas de la fábrica Renault seguía
tan viva como el polen de la primavera.
Los cercos de
hierro alrededor de los castaños, en el boulevard Saint-Germain, estaban
arrancados o torcidos; en algunas calles aún se veían los adoquines levantados,
y los estudiantes seguían predicando su odio contra Charles de Gaulle y el
primer ministro Georges Pompidou en las incendiarias tertulias de los cafés.
Los ecos de la revuelta no se habían borrado de los muros de la Sorbona y de
las casas cercanas al Odéon.
Para casi todos, incluido el
propio Vargas Llosa, la libertad era un valor esencial, pero de segundo orden. Para
que la libertad fuera posible, antes había que construir un mundo de
justiciParís era una fiesta, para usar una vez más el manoseado título
nostálgico de Hemingway. Una fiesta desbordada y sin límites, como no la había
soñado nunca esa ciudad melancólica y gris, ceremoniosa y antipática, de
guillotinas y museos y turistas. Durante ese mes de mayo de 1968 París fue un Carnaval, imbuido del espíritu de trasgresión y de irrespeto que le da sentido
al carnaval: el espíritu contrario al orden.
En conclusión, queda muy poco de
todo eso. Nadie podría decir si los miles de seres que perecieron en las
cárceles y en los campos de concentración de las dictaduras latinoamericanas
invocando los ideales de un mundo más justo dejaron tras sí algo mejor que su
propio sacrificio. Las utopías sociales han sido sustituidas por las utopías
individuales; el generoso amor por los desesperados y desposeídos se ha trocado
en preocupación por la supervivencia personal.
Referencias bibliográficas:
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